miércoles, septiembre 07, 2005

 

Hostal Maruja, nomen ist omen

Cuando vemos - o nos hacen ver - una de las películas hispanas de los años 60, donde el Landa o el López-Vázquez, con sus camisetas imperio y sus 850 se lanzan a la conquista de las suecas que poblaban las playas, puede ocurrir que sintamos un punzón de nostalgia (los mayores) o de paraiso perdido (los jóvenes). "Ah, ya no hay lugares así en la costa... especulación...hooligans... etc. etc".
Pues voy a revelar una joya, un paraiso escondido, una especia de "Valle Secreto" donde el ecosistema de la época tecnócrata del franquismo ha logrado sobrevivir. Lamento relatar que este refugio, esta reserva, está amenazada por el devenir imparable de la historia. Pero igual que algunos van a los montes a ver los glaciares antes de que se fundan (van en potentes 4x4, claro, con lo que aceleran aún más el proceso), recomiendo a todo interesado en el tipical spanish que se acerque.
Pero al grano. En una playa muy guapa al sur de Alicante, pasando el monumento a José Antonio cerca de Santa Pola hay una hilera de casitas, ex-casitas de pescadores, construidos en primera línea de playa. Y esto, por una vez, no es una invención del publicitario avispado. Están en Fila Cero, la terracita da directamente a la arena. Son hogares humildes, que con los años han pasado a ser segundas residencias en su mayor parte, de gente local. Y entre ellos, con tres pisos de altura, preside (redoble de tambor....)

Hostal Maruja



(ahora musquita de dabadababadadadada de las pelis de entonces. gracias)
Es exactamente como uno se imagina que es un establecimiento con ese nombre. Las mesas algo raquíticas, los manteles a cuadros de plástico y la vajilla de duralex. Para empezar unos crustaceos de la playa (se me ha ido el nombre) , que han sacado de la arena por la mañana, seguido de un arros a banda que puede servir de referencia para calibrar los demás, muy rico. Tan rico, que pasó lo siguiente: antes de que el pinche lo sirviese, tuve que cercarme al coche a buscar algo para la cámara de fotos. Volví en dos minutos, pero ya había desaparecido media paella. Todo ello regado con unas rubias de verano y refrescado por la suave brisa marina. Los postres correctos, un pan de toledo impresionante y los helados habituales.

Aunque muy bien apalancados, nos pudimos animar a bajar los tres escalones y extender toallas y montar sombrillas en la arena y disfrutar del yoga español. Los más animados se lanzaban a las cálidas aguas del Mediterraneo, en una playa que nunca será muy popular entre suicidas, porque puedes andar cinco minutos mar adentro antes de que el agua te llegue al ombligo. Pero para niños y mayores infantiles es ideal. Y con muchas conchas, una delicia para los pequeños buceadores.

El naturalista se podrá deleitar con las aves acuaticas que hacen escala en las lagunas de los alrededores. Para los que gusten de dar una vuelta, recomiendo las dunas que hay a pocos metros. Una sensación de desierto (algo chafado por el hecho de que se ve Santa Pola al fondo) pero muy interesante. Y redondeado por la furgoneta que de repente aparece con altavoces anunciando "Meloooooon de secano, el riiiiiccooooo meloooooon murciaaaaanoooo". Lo juro.

En fin, Hostal Maruja bien vale una excursión. Si alguien me manda un jamón, soy capaz de revelar la dirección completa.

Voy a colgar unas fotos

 

Decíamos ayer..

Pues va a ser cierto eso de que los blogs se abandonan después de unos meses, porque tras el veraneo en las aguas del Mediterraneo y el estress del curro, un servidor ha tenido una cantidad de tiempo menor o igual a cero para dedicarle al blogging.
Pero vamos a hacer contrición y arrepentimiento, y os prometo, amiguitos y amiguitas, que voy a colocar unos relatos verídicos con fotos y datos muy jugosos.
A saber:

¿A que ya teneis ganas de todo esto y estais dándole al Refresh continuamente? Un poco de paciencia, por favor...


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